lunes, 5 de noviembre de 2007

Cibercultura, "Yo protéico" de Jeremy Rifkin

El “Yo protéico” de Jeremy Rifkin alude a un ser que cambia frecuentemente de opiniones y afectos, se refiere a un ser camaleónico que no tiene una identidad definida. Viene del Dios griego Proteo, un dios del mar que cambiaba frecuentemente de forma.

Rifkin señala que hemos crecido en un mundo urbanizado, con empleos flexibles a los cuales estamos acostumbrados. Considera que nos pautamos mas en buscar satisfacciones, de preferencia directas e inmediatas, en vez de cambiar al mundo con luchas ideológicas. Buscamos estar bien, en donde estemos y como estemos. Nosotros como seres proteicos le debemos mucho a la interacción creada en el ciberespacio, no ha cambiado el ser social que siempre hemos sido, simplemente se ha actualizado; tenemos muchos amigos y hacemos más a diario, simplemente lo hacemos de manera diferente a las generaciones anteriores.

Este yo proteico se crea en un mundo en donde el intervalo entre el deseo y la satisfacción cada vez se acorta más, sin embargo la característica que nos hace seres humanos es ser deseantes y es algo que nunca se va a acabar, por lo que por más que el intervalo sea más corto es inagotable. Rifkin cree que en la nueva era del acceso lo que tiene valor son los servicios y no los productos, por lo que se están creando mayores relaciones entre seres humanos y no relaciones entre personas y cosas. En este nuevo mundo la diferencia entre los poseedores y los desposeídos sigue siendo muy ancha, pero lo que existe entre los conectados y los desconectados es aun mayor.

Los seres de hoy considero que aunque si tienen una identidad definida tal vez es mucho más difícil concretizarla. Día con día las opciones se multiplican, las elecciones se diversifican por millones, y un ser tarda más tiempo en encontrarse en este laberinto de caminos.

La cibercultura a ayudado al hombre al ahorro de tiempo, busca hacerlo más eficaz y al hacer esto le ha dado un acceso a respuestas, servicios y productos inmediato. Hemos evolucionado en una cultura que no es conformista, sobretodo mediáticamente.

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